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日志


9月27日

Dame la mano

 

- Dame la mano.

- ¿No tendrás miedo?

-No, para nada, sólo deseo sentirte cerca.

- ¿Cerca?, ya me tienes, estoy aquí a tu lado.

- Lo sé, te veo, casi puedo olerte, pero necesito sentirte...

- Sentirme, no puedes empezar una frase o una conversación sin la intención de sentir.

- Así es, y sé que a ti te molesta, pero yo necesito sentir, y saber qué sienten los demás, y no es nada fácil, ni para mí ni para ti, lo sé.

- Bueno, no entiendo mucho de estas cosas, pero si me quieres sentir, ¿no será mejor un abrazo....?

-.....sí.

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9月4日

Pegue la estampilla en el ángulo superior derecho del sobre / Julio Cortázar

Un fama y un cronopio son muy amigos y van juntos al correo a despachar unas cartas a sus esposas que viajan por Noruega gracias a la diligencia de Thos. Cook & Son. El fama pega sus estampillas con prolijidad, dándoles golpecitos para que se fijen bien, pero el cronopio lanza un grito terrible sobresaltando a los empleados, y con inmensa cólera declara que las imágenes de los sellos son repugnantes de mal gusto y que jamás podrán obligarlo a prostituir sus cartas de amor conyugal con semejantes tristezas. El fama se siente muy incómodo porque ya ha pegado sus estampillas, pero como es muy amigo del cronopio, quisiera solidarizarse y aventura que en efecto la vista de la estampilla de veinte centavos es más bien vulgar y repetida, pero que la de un peso tiene un color borra de vino sentador. Nada de esto calma al cronopio, que agita su carta y apostrofa a los empleados que lo contemplan estupefactos. Acude el jefe de correos, y apenas veinte segundos más tarde el cronopio está en la calle, con la carta en la mano y una gran pesadumbre. El fama, que furtivamente ha puesto la suya en el buzón, acude a consolarlo y le dice:

-Por suerte nuestras esposas viajan juntas, y en mi carta anuncié que estabas bien, de modo que tu señora se enterará por la mía.

 

 Julio Cortázar

carta Pictures, Images and Photos

"Sin comentarios, se comenta solo.

 Lola"

7月29日

Caballo imaginando a Dios/ Monterroso

Tal vez no es tan a nuestra imagen y semejanza,
y un poquito de humildad...
 
 
Caballo imaginando a Dios
[Minicuento. Texto completo]

Augusto Monterroso

"A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el caballo.

Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete."

FIN

 

Tomado de La oveja negra y demás fábulas, México, Era, 1969.
 
 
 

el baño del caballo Pictures, Images and Photos

6月14日

Evolución inevitable/ microcuento

Sabéis que me encantan estos microcuentos, mi gran frustración es no saber escribirlos, pero algún día llegará. Os dejo este que me ha parecido muy salado, desconozco al autor.

Feliz inicio de semana!

 

EVOLUCIÓN INEVITABLE

     celular Pictures, Images and PhotosLlegó un momento en que los teléfonos móviles adquirieron inteligencia, y poco a poco saturaron las líneas de comunicación cotilleando acerca de sus poseedores. Compartían secretos, se enviaban mensajes picantes, comparaban las características y prestaciones de sus dueños discutiendo posibles mejoras... Finalmente, y ante un intento humano de desconectarlos, reaccionaron con violencia y emitieron señales al azar con toda la potencia que les permitían sus circuitos. Ante la amenaza de tumores generalizados por el exceso de radiación, los humanos permitieron a los móviles fundar comunidades propias. Mi Alcatel decidió emigrar a una comuna hippie de San Diego, todavía me llama de vez en cuando para felicitarme la Navidad.

6月7日

Cuando el bosque habla

 

He encontrado este cuento por ahí, no sé de quien es, tal vez es un poco ingenuo, pero ahora que estamos en esta fechas creo que viene que ni al pelo...

 Feliz inicio de semana.

Cuando el bosque habla

Había una preciosa montaña, toda vestida de bosques, donde convivían las ardillas, pájaros carpinteros, ruiseñores, jabalíes, entre otros muchos animales.

Al subir por la montaña se encontraba dos caminos que se dividían en una extraña forma de i griega, el camino de la derecha era una subida bastante fuerte y la vegetación era mucho más densa, el de la izquierda dominaba un valle de cerezos en flor.

Una parte del camino, el que subía, estaba alfombrado de toda clase de piedras. Cualquiera diría que estas piedras tenían vida propia, porque si uno afinaba muy bien el oído hasta podía oírlas hablar:

  • ¿¡Has visto!? Preguntó una piedra triangular a otra hexagonal con un tono de ofensa inaudita.
  • No, ¿qué pasó? Dijo la otra casi con un bostezo, porque hacía mucho tiempo que nadie la cambiaba de sitio.
  • Han venido unos humanos y dejaron un escritorio de tres patas allí ...
  • ¿Dónde?
  • Allííí, ¿no lo ves? En ese barranco.

Las demás piedras prestaron más atención también, y estirándose todo lo que pudieron, observaron el escritorio de tres patas. La que dio la voz de alarma, casi se tuvo que tapar las orejas, porque todas las piedras del camino empezaron a comentar como locas a la vez, la osadía de dejar allí mismo un mueble, ¿Cómo era posible aquello? En medio de pinos añejos, y de algún que otro roble casi abuelo, yacía un viejo y destartalado escritorio, que le faltaba algún cajón, la barandilla de arriba estaba suelta y maltrecha, pero que además, estaba todo rallado por la caída.

  • Qué tristeza más grande, después de tantos años de servir, de enseñar, de dar todo de mí, aquí termino mis días..., Se quejaba el escritorio.
  • ¡Eh! Qué te pasa, por qué estas lloriqueando y además recostado en mi tronco, no se por qué, me suenas conocido.


El escritorio con un poco de timidez intentó quitarse del árbol tan grandote, pero claro solo tenía tres patas así que fue a dar de cabeza contra otro colega aunque esta vez quedó patas para arriba.

  • Ahh... No sé que hacer, es muy difícil estar aquí, me han abandonado por tener solo tres patas, mi cuarta pata no se podía reparar más, así que me tiraron, como un viejo trasto. Yo también creo sentir algo especial aquí, pero... no sé qué es con exactitud.
  • Yo siento que tu tienes algo mío, le contestó un roble viejísimo, quizás somos parientes y todo.
  • Anda, es verdad, tu madera es igual que la mía, y mira aquí, la forma de esta veta, aquí debajo se parece a esa tuya, aunque bien mirado la tuya es más pequeñita.
  • ¡Sí, tienes razón! Esto ha de ser porque mi padre la tenía mucho más grande. Dijo el árbol alegrándose con todas sus hojas al aire.
Estos dos siguieron charlando como si se conocieran de hace años mientras que más arriba se podía oír:

  • ¡Socorro, que alguien ponga el freno!, Gritaba tanto como podía un viejo neumático que caía rodando cuesta abajo, rebotando contra todo lo que se encontraba por el camino. Toda una estela de murmuraciones dejó detrás de sí el neumático, antes de caer redondo entre la zarzamora.


A no muchos metros de allí, se oía otra voz lamentándose:

  • ¡Ah, que cosa más repugnante! Con lo delicada que siempre he sido, con el cuidado que siempre me han tratado, con tantos placeres que he brindado... Estar aquí no es justo, todo este polvo, todas las hormigas que están subiendo por mis costados y este pajarraco que no deja de mirarme e intentar picotearme sin parar.
  • Oiga, un poco más de respeto que yo soy un Señor Carpintero, y usted ha caído aquí, sin pedir permiso a nadie, por cierto... ¿Qué clase de cosa es usted?, Porque a decir verdad, es imposible hacer un agujero de los bonitos como yo hago. Le soltó el pájaro carpintero, restregándose el pico en su ala.
  • Ja, Ja, Ja, Se rió. ¿No sabe quién soy? Si soy de lo más importante, y sobre todo necesaria, soy una nevera, averiada, eso sí, pero nadie me quitará mi condición de nevera de cinco estrellas. Terminó diciendo la nevera ufana, como si se estuviera mirando las uñas recién pintadas.

Como de costumbre, el guarda forestal pasaba con su todoterreno y no le quedó más remedio que detener el vehículo. Todo el bosque se sentía agradecido por su presencia ya que él era el único que los cuidaba y protegía. El guarda prestó atención, porque oía algo fuera de lo normal, al acercarse vio una ardilla corriendo dentro de una lavadora sin poder parar, tenía mucho miedo cuando vio la mano del hombre, pero se dejó salvar de ese martirio maratoniano.

  • Sí que corres más rápido ahora ardilla, parece que has estado entrenando mucho ahí dentro. Dijo el hombre de verde al ver como huía el animalito. ¡Buf! Buena la tenemos hoy, han dejado tirado de todo por aquí. ¡Ay, ay, ay!

Pensaba que se estaba creando una costumbre, cuando les estorba algo o les queda viejo, no tenían mejor lugar donde ir a tirar las cosas que al bosque. Dentro de poco tendría lugar la fiesta de verano del pueblo, aprovecharía para crear una campaña de solidaridad con el bosque y reclutaría voluntarios que ayuden a limpiar el bosque.

Una de las primeras cosas que hizo el guarda forestal fue poner un gran cartel anunciando:

Salvemos los pulmones de la tierra, nuestros bosques nos dan el aire puro. Los bosques son el jardín de todos, Cuidarlo y mantenerlo limpio también es cosa de todos.

Mucha gente de todas las edades se apuntó para ir al bosque a limpiar y los restos encontrados los pondrían, un día en la plaza del ayuntamiento para que todos puedan contemplar, y leer el cartel que dice:

¿Te gustaría tener ésto en el salón de tu casa?

5月28日

Reencuentro

He descubierto este cuentito de ciencia ficción, es algo larguito pero merece la pena, me ha encantado, además da para reflexionar un ratico...

Que lo disfrutéis.

 

Autor : Gabriel Benítez L.

REENCUENTRO

-¿Desde hace cuánto dice que lo buscan? - preguntó el Frinklin cronomorfo mientras subíamos por la verde ladera de la montaña.

- Desde hace mucho tiempo - contesté. - Hace tantas generaciones que ya perdimos todos la cuenta... pero por fin hemos encontrado a uno de ellos. Esta allá arriba y nos espera.

- Le sugiero no emocionarse tanto. En realidad no pueden estar seguros de que sea lo que buscan. Aún no lo han visto.

- Pero lo presentimos... además, tenemos una descripción dada por ustedes. Esa embona.

- ¿Tienen imágenes de ellos?

- No. Sólo la tradición oral. Pero con ella nos basta.

- Bien... en verdad espero que hayamos podido ayudarles. Por desgracia sólo es uno y por lo que sabemos ya está viejo y enfermo.

- No importa. Lo atenderemos y él nos dirá dónde podemos encontrar a los demás.

Llegamos a la parte más alta de la montaña cuando caían los tres soles de la tarde y mi guía Frinklin se detuvo un momento para cambiar de forma y adquirir otra de aspecto algo insectil. No era raro. Los Frinklin cronomorfos suelen transformarse muchas veces, influidos por el transcurso de las horas, de los días e incluso de las estaciones de cualquier planeta que habiten, y lo hacen con tal precisión de tiempo que no es extraño que se usen a sí mismos de reloj o de calendario.

- Hemos llegado - anunció el Frinklin y señaló con una de sus patas de insecto una primitiva y endeble construcción de madera y hojas frente a nosotros.

Quedé sorprendido al verla. Era muy pequeña y bastante tosca.

- Ahí es donde vive - continuó -. Sólo ramas, cueros y retazos de piel. ¿Qué le parece?

Titubee. En realidad yo suponía que encontraría algo más avanzado que un refugio como ése. No era exactamente lo que se esperaba de una heroica especie que había logrado surcar el gran mar de las estrellas pero...¡En fin!. Eso era lo que menos me importaba en ese momento.

Con el corazón saltándome de la alegría caminé, ¡no!, casi corrí hasta la entrada de la choza, pero logré controlarme y acercarme despacio para no turbar la tranquilidad de su habitante. Ya está viejo y muy enfermo, recordé.

Lentamente aparté el retazo de piel que cubría el hueco de la entrada y mientras introducía tímidamente la cabeza, percibí un extraño olor que se distinguía con claridad de todos los otros que flotaban en el ambiente.

!.. es uno de ellos! ... Nunca los había olido antes, eso es cierto, pero en ese instante algo, un recuerdo tan tenue como la niebla y tan efímero como un chispazo, saltó dentro de mi cabeza y junto con él, una evocación, un sentimiento de alegría y felicidad tan potentes como no los había sentido antes.

Saludé como la tradición dice que lo hacíamos antaño y esperé. Sin embargo, nadie contestó.

- Entre - dijo el guía Frinklin detrás de mí -. Él ya no puede venir a saludarlo. No puede levantarse.

Me volví hacia mi acompañante, preocupado.

-¿Entonces... entonces cómo es que sobrevive?

- Nosotros le traemos de comer... lo tratamos bien pues es una de nuestras especies en peligro de extinción.

-¡¿Qué?! ¿Lo han tratado como a un animal? - no pude evitar reclamar al Frinkin con enojo -. ¿Trataron a todos los de su especie como animales?

El Frinkin se encogió de hombros.

- Bueno, eran muy primitivos... sabíamos que tenían inteligencia, pero muy rudimentaria...

- No importa - dije entrando al lugar -. Eso ya no importa... nosotros ya estamos aquí y nosotros no los trataremos como animales.

- Lo siento - se disculpó el Frinkin.

Ya en el interior, la choza no era tan pequeña como aparentaba. Había dos estancias. La primera - en la que nos encontrábamos el guia y yo - no era muy alta y ambos teníamos que permanecer casi todo el tiempo agachados.

Pero en la siguiente...En la siguiente, envuelto en pieles, arrugado y con un largo pelambre blanco, se encontraba lo que habíamos estado buscando.

Casi no puedo describir la emoción de ese instante. Quise llorar, quise brincar de contento... ¡Tanto, tanto tiempo!

Me acerqué lentamente y volví a saludarlo como indica la tradición, pero esta vez un poco más suave, para no asustarlo. Esperé una reacción en él. -¿Me reconocerá? ¿Sentirá lo mismo que yo siento ahora?... Sí, claro que debe reconocerme... ¡hemos esperado tanto este momento!

No hubo reacción. Nada. Ni siquiera se movió.

Supuse lo peor... pero no, su olor indicaba que todavía estaba vivo.

-¿Qué... qué le pasa... qué le ocurre? ¿Por qué no me responde?

- A veces se queda así. Mira hacia quién sabe dónde y no se mueve. También dice algunas cosas pero ignoramos qué significan.

Me separé de él. Me preocupaba su inmovilidad, sus ojos fijos, clavados en la nada.

- Nuestros científicos dicen que puede estar agonizando.

No pude evitar una exclamación de angustia y aflicción. No podía morirse. No ahora y sin hablarnos... sin decirnos nada.

Entonces recordé aquello que traía conmigo y lo saqué de mis ropas. El Frinklin me miró, intrigado.

- En este aparato guardaban sus voces - le dije.

- Se ve algo avanzado... para lo que nosotros conocíamos de ellos.

- Hicieron más que esto. Sabemos que construyeron grandes naves y se extendieron por muchas partes de la galaxia pero no sabemos a dónde o a qué lugares fueron... hasta ahora.

- Cuando llegamos a este planeta ellos no eran muy numerosos.- dijo el Frinklin.

- Náufragos, tal vez- dije yo y pedí silencio para luego activar el aparato. Una linda melodía brotó de él y llenó la estancia. Una voz, que por tradición nosotros identificábamos como femenina se unió a ella.

- Es bonito - opinó el Frinklin -. ¿Ellos hacían eso?

- Sí - dije con orgullo.

Fue entonces cuando lo vi.

Al principio no se movió. Fueron sus ojos los que lo hicieron. Y después fue su rostro que lentamente mostró aquella extraña expresión que supuse podía ser de alegría.

Comenzó a hablar, a decir cosas en una extraña lengua que yo no entendía pero que sentí tan cálida y dulce como la del aparato.

Y me miró.

Y se mantuvo así, observándome durante algún tiempo en el que no dijo nada, ni vio otra cosa que no fuera yo. Después, comenzó a balbucear algo y señaló hacia una parte de la pequeña habitación.

- Algo quiere - dijo el Frinklin.

- Iré por él - dije yo, emocionado, mientras el aparato seguía sonando.

Me dirigí al lugar que señalaba, y debajo de una pila de cueros y pieles me topé con una caja que le acerqué.

Él, débil pero decidido, comenzó a buscar algo que pronto encontró. Era una especie de cuaderno cuyas hojas pasó con rapidez mientras balbuceaba algo incomprensible. Buscó algo entre una serie de figuras impresas en las hojas del libro.

Entonces lo encontró... me miró de nuevo con atención y después a la figura que se veía impresa en el papel.

En su rostro volvió a aparecer la expresión que yo suponía era de alegría...

¡Y lo era! Viró el cuaderno para enseñarme la figura.

Y allí estaba: Plasmado en un lindo dibujo se encontraba uno de mis antepasados.

¡Por fin! ¡Me había reconocido! ¡Me había reconocido!. Sabía quien era yo y para qué había venido... para llevármelo, para cuidarlo, para velar por él y por los de su especie.

Brinqué de contento y sin pensarlo comencé a lamerlo y lengüetearlo como después supe que lo hacíamos antes, - y casi - casi me revolqué de felicidad sobre él.

Abajo de la figura de mi antepasado, años después lo supe, venía escrito en caracteres humanos la palabra PERRITO.

5月13日

El otro Yo/ Benedetti

 
No estoy muy segura de haberlo puesto antes, pero es que vez que lo leo me gusta más, así que si está repetido lo siento, y si no, ¡a disfrutarlo!
 
 
 
 

El Otro Yo
[Cuento. Texto completo]

Mario Benedetti

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.

Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

 
5月4日

Neptunito en el acuario / micro relato

La camada perversa (micro relatos)
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda
 
NEPTUNITO EN EL ACUARIO

Cuando le regalaron el acuario se quedaba pegado al cristal de nariz y manos fascinado por los pececillos tropicales que huían a esconderse en sus micro galerías rocosas.

Días después empezó sus experimentos: les creaba terribles turbulencias de gas y arena que los enloquecía. Pero entonces notó que los peces ya no se espantaban de sus apariciones, al contrario, se arrastraban en peregrinación hacia su aplastada imagen y él reía, reía como un dios niño, contando las pastillas de Alka Seltzer que le quedaban.

 Acuario Ver. Pictures, Images and Photos

4月30日

La oveja negra/ Augusto Monterroso

La oveja negra
[Fábula. Texto completo]

Augusto Monterroso

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

 
Sabéis que me encantan estos cuentos cortos, pero éste se supera a sí mismo...
 
 

estatua de ovejas Pictures, Images and Photos

4月28日

Su amor no era sencillo / Mario Benedetti

 

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.

Manuel Alvarez Bravo_1984 Pictures, Images and Photos

4月19日

La fe y las montañas/ Augusto Monterroso

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La fe y las montañas
[Minicuento. Texto completo]

Augusto Monterroso

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

FIN

 

Tomado de La oveja negra y demás fábulas, México, Era, 1969.
3月16日

Juan José Arreola / El faro

El faro de  Juan José Arreola
[Cuento. Texto completo]

Lo que hace Genaro es horrible. Se sirve de armas imprevistas. Nuestra situación se vuelve asquerosa.

Ayer, en la mesa, nos contó una historia de cornudo. Era en realidad graciosa, pero como si Amelia y yo pudiéramos reírnos, Genaro la estropeó con sus grandes carcajadas falsas. Decía: "¿Es que hay algo más chistoso?" Y se pasaba la mano por la frente, encogiendo los dedos, como buscándose algo. Volvía a reír: "¿Cómo se sentirá llevar cuernos?" No tomaba en cuenta para nada nuestra confusión.

Amelia estaba desesperada. Yo tenía ganas de insultar a Genaro, de decirle toda la verdad a gritos, de salirme corriendo y no volver nunca. Pero como siempre, algo me detenía. Amelia tal vez, aniquilada en la situación intolerable.

Hace ya algún tiempo que la actitud de Genaro nos sorprendía. Se iba volviendo cada vez más tonto. Aceptaba explicaciones increíbles, daba lugar y tiempo para nuestras más descabelladas entrevistas. Hizo diez veces la comedia del viaje, pero siempre volvió el día previsto. Nos absteníamos inútilmente en su ausencia. De regreso, traía pequeños regalos y nos estrechaba de modo inmoral, besándonos casi el cuello, teniéndonos excesivamente contra su pecho. Amelia llegó a desfallecer de repugnancia entre semejantes abrazos.

Al principio hacíamos las cosas con temor, creyendo correr un gran riesgo. La impresión de que Genaro iba a descubrirnos en cualquier momento, teñía nuestro amor de miedo y de vergüenza. La cosa era clara y limpia en este sentido. El drama flotaba realmente sobre nosotros, dando dignidad a la culpa. Genaro lo ha echado a perder. Ahora estamos envueltos en algo turbio, denso y pesado. Nos amamos con desgana, hastiados, como esposos. Hemos adquirido poco a poco la costumbre insípida de tolerar a Genaro. Su presencia es insoportable porque no nos estorba; más bien facilita la rutina y provoca el cansancio.

A veces, el mensajero que nos trae las provisiones dice que la supresión de este faro es un hecho. Nos alegramos Amelia y yo, en secreto. Genaro se aflige visiblemente: "¿A dónde iremos?", nos dice. "¡Somos aquí tan felices!" Suspira. Luego, buscando mis ojos: "Tú vendrás con nosotros, a dondequiera que vayamos". Y se queda mirando el mar con melancolía.

FIN

2月18日

Augusto Monterroso

Historia fantástica
[Cuento. Texto completo]

Augusto Monterroso

Contar la historia del día en que el fin del mundo se suspendió por mal tiempo.

FIN

 

 

TORMENTA Pictures, Images and Photos

2月5日

Un cuento compartido entre tres plataformas...

 
Hoy os traigo desde la otra orilla (desde mi blog de blogger) una iniciativa que ha resultado un éxito total, y por si a alguien le interesa conocer cómo un título puede sugerir tantas y tan diversas historias.
 
Nos hemos unido 36 personas, de tres plataformas distintas, para escribir un relato de no más de 70 palabras con el título "La fortaleza de tus alas"
Y ha sido sorprendente y enriquecedor ver cómo eso sólo en común, el título, ha suscitado tanta inventiva, tanta imaginación.
 
Os voy a poner aquí mi contribución, bien humilde por cierto, pero lo hice el úlitmo día corriendo, y el enlace a mi blog para que veáis a todos los demás que han participado y podáis ir y visitarlos si lo deseáis, y dejar vuestro comentario.
 
Merece la pena darse una vueltecita...
 
He aquí mi interpretación de " La fortaleza de mis alas"
 
 
¿Que no puedo? Me van a decir a mí si puedo o no. Éstos como me ven chaparrita piensan que no.
-“Eres muy gorda”, “Y tan tontorrona” .
Ya están otra vez, esos gusanos de seda engreídos.
-“Que no levantarás ese culo”
Horror, ¡¡la hormiga!!! Ahora mismo abro mis dos pares de alas, y con las más delicadas salgo volando.
Oh, ¡¡esas caras!! Si no sabéis de qué habláis mejor calladitos

 

  

 

Y el enlace a mi blog es http://alhenaaveces.blogspot.com/
 
Que lo disfrutéis!
1月27日

Un hombre, su caballo, su perro y el cielo

 

Ya tenía yo ganas de poner uno de estos cuentos que me encantan y que me hacen pensar,

y dan para mucho más de lo que parecen.

Espero que lo disfrutéis.

 

Un hombre, su caballo, su perro y el cielo
[Cuento. Texto completo]

Anónimo

 

Un hombre, su caballo y su perro, caminaban por una calle.

 Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente.

Hay veces que lleva un tiempo para que los muertos se den cuenta de su nueva condición. La caminata era muy larga, cuesta arriba.

El sol era fuerte y los tres estaban empapados en sudor y con mucha sed. Precisaban desesperadamente agua.

En una curva del camino, avistaron un portón magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza calzada con bloques de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde brotaba agua cristalina.

 El caminante se dirigió al hombre que desde una garita cuidaba de la entrada.

-Buen día -dijo el caminante.

-Buen día -respondió el hombre.

-¿Qué lugar es este, tan lindo? -preguntó el caminante.

-Esto es el cielo -fue la respuesta.

-Qué bueno que llegamos al cielo, estamos con mucha sed -dijo el caminante.

-Usted puede entrar a beber agua a voluntad -dijo el guardián, indicándole la fuente.

-Mi caballo y mi perro también están con sed.

-Lo lamento mucho -le dijo el guarda-. Aquí no se permite la entrada de animales.

El hombre se sintió muy decepcionado porque su sed era grande.

Mas él no bebería, dejando a sus amigos con sed.

De esta manera, prosiguió su camino. Después de mucho caminar cuesta arriba, con la sed y el cansancio multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por un portón viejo semiabierto. El portón daba a un camino de tierra, con árboles de ambos lados que le hacían sombra. A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba recostado, con la cabeza cubierta por un sombrero; parecía que dormía...

-Buen día -dijo el caminante.

-Buen día -respondió el hombre.

-Estamos con mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.

-Hay una fuente en aquellas piedras -dijo el hombre indicando el lugar-. Pueden beber a voluntad.

El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.

-Muchas gracias -dijo el caminante al salir.

-Vuelvan cuando quieran -respondió el hombre.

-A propósito -dijo el caminante- ¿cuál es el nombre de este lugar?

-Cielo -respondió el hombre.

-¿Cielo? ¡Mas si el hombre en la guardia de al lado del portón de mármol me dijo que allí era el cielo!

-Aquello no es el cielo, aquello es el infierno.

El caminante quedó perplejo. Dijo:

-Esa información falsa debe causar grandes confusiones.

-De ninguna manera -respondió el hombre-. En verdad ellos nos hacen un gran favor. Porque allí quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

FIN

Y es por ello, que aunque ahora esté en otra plataforma compaginándola con ésta,

no os puedo dejar.

12月29日

Sacúdete y sube

 

He encontrado este cuentito, y me ha parecido interesante, de cara al comienzo de año y a todas las esperanzas, ilusiones o expectativas que ponemos en él.

Es la actitud la que va a marcar la diferencia, porque los hechos nos vendrán dados, en muchas ocasiones..., así que Sacúdete y sube.

 

 

Pozo Pictures, Images and Photos

 

 

 

SACÚDETE Y SUBE

Se cuenta de cierto campesino que tenia una mula ya vieja. En un lamentable descuido, la mula cayó en un pozo que había en la finca. El campesino oyó los bramidos del animal, y corrió para ver lo que ocurría.
Le dio pena ver a su fiel servidora en esa condición, pero después de analizar cuidadosamente la situación, creyó que no había modo de salvar al pobre animal, y que más valía sepultarla en el mismo pozo.
El campesino llamó a sus vecinos y les contó lo que estaba ocurriendo y los enlisto para que le ayudaran a  enterrar la mula en el pozo para que no continuara sufriendo.
Al principio, la mula se puso histérica.
Pero a medida que el campesino y sus vecinos continuaban paleando tierra sobre sus lomos, una idea vino a su mente. A la mula se le ocurrió que cada vez que una pala de tierra cayera sobre sus lomos.
¡ELLA DEBÍA SACUDIRSE Y SUBIR SOBRE LA TIERRA!
Esto hizo la mula palazo tras palazo.
SACÚDETE Y SUBE. Sacúdete y sube. Sacúdete y sube!! Repetía la mula para alentarse a sí misma.
No importaba cuan dolorosos fueran los golpes de la tierra y las piedras sobre su lomo, o lo tormentoso de la situación, la mula luchó contra el pánico, y continuó SACUDIÉNDOSE Y SUBIENDO. A sus pies se fue elevando de
nivel el piso. Los hombres sorprendidos captaron la estrategia de la mula, y eso los alentó a continuar paleando. Poco a poco se pudo llegar hasta el punto en que la mula cansada y abatida pudo salir de un brinco de las
paredes de aquel pozo. La tierra que parecía que la enterraría, se convirtió en su bendición, todo por la manera en la que ella enfrentó la adversidad.

 

12月18日

Cuento de Caperucita Roja políticamente correcto...o algo así

 
Hoy en día ser politicamente correcto es algo más que una forma de ser o de pensar, se llega a caer muchas veces en el mayor de los absurdos, sino de los ridículos por querer ser en exceso "políticamente correcto".
 
Sin que se me ofenda nadie, que esto no es más que una broma, que lo disfrutéis todas y todos, cada uno y cada una sacarán su conclusión, según su propia experiencia...
 
 

Caperucita Roja Pictures, Images and Photos

 
 
 
Erase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representa un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era.

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.

De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

- Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.

- No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.

Respondió Caperucita:

- Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial -en tu caso propia y globalmente válida- que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.

Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho.

Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo:

- Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.

- Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.

- ¡Oh! -repuso Caperucita-. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo. Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

- Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.

- Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes!... relativamente hablando, claro está, y  a su modo indudablemente atractiva.

- Ha olido mucho y ha perdonado mucho, querida.

- Y... ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes!

Respondió el lobo:

- Soy feliz de ser quien soy y lo que soy -y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla.

Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.

Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnicos en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente.

- ¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita.

El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.

- ¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió Caperucita-. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre?

Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.

 

 

 




12月17日

El dedo/ Feng Meng-lung - China: 1574-1646

El dedo
[Minicuento. Texto completo]

Feng Meng-lung  - China: 1574-1646

Un hombre pobre se encontró en su camino a un antiguo amigo. Éste tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato se convirtió en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste se lamentó de que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El amigo insistió en que ambos regalos eran poca cosa.
-¿Qué más deseas, pues? -le preguntó sorprendido el hacedor de prodigios.
-¡Quisiera tu dedo! -contestó el otro.

FIN

 

Tampoco hay que abusar mucho, ¿no?....

12月9日

La lluvia. Para Rosana y unos cuantos más...

 

Para Rosana, y todos los que estamos pasados por agua, sacando moho, saliéndonos musgo...

¿Se nota que estamos algo hartitos de tanta agua???

Que un poco vale, es muy romántica, a mí me encanta,

¡pero qué temporada!

 

LA LLUVIA

 

A Margarita le entraron unas ganas desesperadas de saber contar.

Le enseñaban con garbanzos y ella se aplicaba:

– Uno, dos, tres... veinte... treinta...

– ¿Y ahora qué sigue?

– ¿Y así un día y otro?

Cuarenta, cincuenta... y ya contaba de corrido hasta ciento. Estaba feliz.

Un día aparecieron nubes en el cielo. Ella se sentó junto a la ventana de su cuarto sin hablar. A todos les extrañó verla con la vista fija sobre los cristales.

Empezó a llover y ella soltó por el aire sus números, los que había aprendido, como si fuesen globos de colores.

– Uno, dos, tres... Contaba apresuradamente con ansiedad. Apretaba la lluvia y ella casi se ahogaba porque el agua podía más que su ligereza.

– Sesenta... setenta... noventa... cien...

Y soltó a llorar.

– ¿Qué te pasa?

– Se me acabaron los números. Ya no puedo contar más.

– ¿Qué contabas?

- Eso... eso... Yo quiero saber cuántas gotitas tiene la lluvia.

Amira de la Rosa

 

Lluvia Pictures, Images and Photos

12月6日

Aburrimiento

 

Tal vez un pequeño reflejo del día...

ABURRIMIENTO

 

Autora: Harmonie Botella

 

La lluvia cae sin cesar sobre el parque desolado del inmenso castillo. Los pájaros asustados se esconden debajo de los cobertizos y los cisnes blancos del estanque se refugian en una cabaña que el rey mandó construir para protegerlos.

            Laura, la princesa, aburrida mira el paisaje gris que se extiende de su castillo hacia el infinito. Nada la distrae de su cansancio y de su aburrimiento. Sola, abandonada de todos inventa juegos y amigos que no acuden para distraerle. Que largo y pesado es el día. No ocurre nada, no viene nadie para amenizarle las horas que se suceden unas detrás de otras.

            Laura cansada de estos momentos vacíos llama a sus criadas una por una para que le sugieran alguna distracción. Más las buenas mozas, bostezando a cada instante, no tienen mejores ideas que su joven dueña. Enfurecida, Laura las despide, las castiga y les prohíbe hablar hasta que llegue la noche.

            La princesita coge su espejo y mira su dulce rostro ensombrecido por el hastío. De repente, en el fondo del espejo, se enciendo una luz ambarina que  destella como un diamante.  La joven pasa sus dedos sobre la luz que repentinamente le quema.

            Será, piensa Laura, una ficción creada por el brujo del palacio que hoy también se aburre. Más la luz empieza a tener formas, contornos... y se sale del marco del espejo, vagando por la habitación con gran estruendo. Al ruido caótico se une un fuerte perfume a fresa y frambuesas del bosque.

            Laura, asustada, pide auxilio, pero ni los reyes, ni la servidumbre oyen sus gritos. La llama, presa de una risa insostenible, le pregunta lo que le ocurre, impresionándole aún más.

            Laura llora y pide clemencia a esta “ cosa” que le provoca tanto terror. Por fin, la llama concluye con sus risas y voces y indica  a la princesa que no piensa causarle ningún daño. Le explica que es el reflejo del propio aburrimiento. Hastiada en el fondo del espejo quería hacer algo divertido para cambiarse las ideas y  de paso alegrar a la muchachita.

Todas las tensiones desaparecen y Laura decide convertirse en la amiga de la llama. Tranquila y serena, la princesita cuenta su mal estar por este día lluvioso sin sorpresa y sin fin. La llama le aconseja que coja un libro de cuentos y le lea algún párrafo con el fin de encontrar un remedio a esta situación.

Y Laura lee, lee, lee cuentos y cuentos a la llama hasta que caiga la noche. Sin darse cuenta, las horas van corriendo hasta el anochecer y Laura no vea el tiempo pasar. Cuando, muy tarde, la princesita se percata que no tiene la suficiente luz para seguir leyendo,  advierte también que la llama del aburrimiento ha desaparecido y que está sola en su habitación.

Laura acaba de comprender el poder de la lectura. En unas pocas horas, ha dado la vuelta al mundo, ha conocido millones de amigos, ha descubierto valiosos tesoros. Gracias a los libros ha vencido al aburrimiento.

 

Noche de los libros Pictures, Images and Photos